Cuando llegamos al caracol aquí en La Realidad, sin que nadie nos lo dijera empezamos a hablar en susurros.

Quedo hablaba nuestro dolor, quedito nuestra rabia. (Subcomandante Marcos)

martes, 3 de abril de 2012

Fin de Semana.


En esta ocasión pirateamos a Don Mario Benedetti. De un pequeño libro “Buzón de tiempo” se llama. Edición de bolsillo, uno de esos libros modestos, fáciles de llevar y de perder. Como “Alacranes en su tinta” pongo por ejemplo. Me lo regalaron y a continuación alguien me lo pidió prestado. Ya no lo he vuelto a ver.... Este creo que también me fue regalado, pero uno ya no está seguro de nada...
El cuento se llama “Fin de semana”.
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"..yo sigo prefiriendo
el viejo beso artesanal
que desde siempre comunica tanto"
 Esperó al padre en la puerta de la escuela. Como todos los viernes. A partir del divorcio, Fernando vivía con su madre, pero los fines de semana eran del padre. Antes de cualquier dictamen impuesto, ellos lo habían resuelto amigablemente, sobre todo para no herir al hijo con enfrentamientos inútiles. Nunca llegaba en hora, pero esta vez demoró más que de costumbre. Mientras compartió la espera con otros chicos, Fernando no se inquietó, pero uno a uno los fueron recogiendo y al final sólo quedaron él y el portero, un tipo que además detestaba a los escolares.
Marcelo apareció por fin, casi corriendo. Fernando se resignó a besar la mejilla, paterna y sudada. Eso no le gustaba, porque la boca le quedaba húmeda y le habían enseñado que no era correcto limpiarse con el puño.
—¿Estabas nervioso?
—No.
—Por favor, no le cuentes a tu madre sobre esta demora. Digo, para que no se preocupe. La verdad es que no me podía sacar de encima a un cliente que es un plomo.
No le cuentes a tu madre. Fernando no entendía por qué no decía: No le cuentes a Luisa.
Tomaron un taxi hasta el restaurante de todos los viernes. Fernando no precisaba leer el menú. Siempre había sido fiel al churrasco con ensalada.
—¿No querés pedir otra cosa?
—No.
—Yo me aburriría pidiendo siempre lo mismo.
—A mí me gusta. Por eso no me aburro.
Marcelo cumplió con el deber paterno de preguntarle por sus clases, sus maestras, sus compañeros. Como eran las preguntas de siempre, Fernando apeló a las respuestas de siempre.
—Y de todo lo que vas aprendiendo, ¿qué es lo que más te gusta?
—Las cuentas y los cuentos.
Como acompañamiento de un humor tan primario, Fernando esbozó su primera sonrisa de este viernes, y el padre no tuvo más remedio que reírse.
En el postre tampoco hubo novedad: helado de vainilla.
—Y tu madre ¿cómo está?
—Sola. Está sola.
—Bueno, no tan sola. Está contigo ¿no?
—Sí, claro.
Llegaron al lindo apartamento sobre la Rambla y Fernando fue a su cuarto. Marcelo le había reservado ese espacio, donde, además de la cama y otros muebles, había juguetes (un mecano, un trenecito eléctrico) de uso y disfrute solitarios. Y asimismo un pequeño televisor. Tambien en casa de su madre tenía un ambiente propio, claro que con otros juguetes. A Fernando le gustaba esa doble franja de sus entretenimientos. Era como saltar de una región a otra, y viceversa.
Estuvo un rato jugando con el mecano (construyó algo que, si se lo miraba con buena voluntad, podía parecerse a un molino), vio en la tele un documental sobre las ardillas, dormitó un rato, así hasta que Marcelo lo llamó desde la terraza.
 Allí lo esperaba una novedad: una muchacha, alta, rubia y con el pelo suelto, de vaqueros, que a Fernando le pareció linda y simpática.
—Fernando —dijo el padre-—. Ésta es Inés, una buena amiga mía, que también va a ser una buena amiga tuya.
La buena amiga sólo dijo ¡hola!, pero le tomó de un brazo y lo acercó a su mecedora. Lo besó con suavidad y Fernando advirtió con alivio que aquella mejilla no estaba sudada. A él le cayó bien que Inés no le interrogara sobre la escuela, las clases, las maestras y los otros alumnos. En cambio, le hizo comentarios sobre películas y sobre fútbol. Le pareció increíble que una mujer supiera tanto de fútbol. Además, como al pasar, dijo que era hincha de Nacional. También él era bolsiyudo. Un buen comienzo. Marcelo, en cambio, era de Peñarol, pero asistía satisfecho a aquel estreno, como el autor clandestino de un buen libreto.
 Inés había traído unos paquetes con comida,  así que cenaron en casa. Después vieron un poco de televisión (noticias sobre hambrunas, inundaciones y atentados), pero como a Fernando se le cerraban los ojos, el padre lo mandó a la cama, no sin antes recomendarle que se lavara los dientes.
A medianoche lo despertó un ruido procedente del cuarto de baño. Alguien había tirado la cadena. Como la puerta de su cuarto estaba entornada, Fernando pudo espiar desde allí. Inés, de camisón, salió del baño y entró en la habitación de Marcelo.
Fernando volvió a su cama y durante un buen rato estuvo desvelado. Inés era linda y simpática y además de Nacional. Pero, antes de dormirse, Fernando decidió reforzar su lealtad a Luisa. A su madre no le importaba el fútbol, pero aun así a él le parecía más linda y más simpática.
 El sábado y el domingo, Fernando disfrutó de  su padre y éste de Fernando. No era el momento de hacer el balance de la situación. Como si hubiera concluido el guión de la película, Inés no habló más de fútbol. Estaba tan callada, que en la tarde del domingo Marcelo se le acercó, le acarició el lindo pelo y le preguntó si pasaba algo.
—Nada importante —dijo ella—. Sólo que tengo que acostumbrarme.
Lo dijo en un murmullo, sólo para Marcelo, pero Fernando la escuchó (la abuela siempre decía: «Este chico tiene un oído de tísico») y llegó a la conclusión de que también él tenía que acostumbrarse. ¿Se acostumbraría?
El domingo a la noche, Marcelo reintegró al chico al ámbito materno. Llamó desde abajo y cuando oyó algo parecido a la voz de su ex mujer, dijo: «Luisa, aquí te dejo a Fernando. Chau». «Gracias. Chau», dijo el intercomunicador, más afónico que de costumbre.
Fernando subió en el ascensor hasta el sexto piso. Allí lo esperaba Luisa. Lo besó, tenía la cara con un poco de pancake, pero a él no le importó.
Un rato después, ella le hizo un jugo de naranja. De pronto contempló a Fernando con curiosidad. Pensó que era absurdo, pero le pareció que de algún modo su hijo había crecido en sólo 48 horas.
Sólo por decir algo, Luisa preguntó:
—Y tu padre ¿cómo está?
Fernando pensó: ella tampoco dice «Marcelo» sino «tu padre». Tragó saliva antes de responder:
—Solo. Está solo.

Cine para la Semana Santa.

Es un clásico eso del cine y la Semana Santa. Tardes de cine, casi siempre con santos y romanos de por medio.  Eran otros tiempos.
Ultimamente eso de poder ver cine en "interné" no resulta demasiado facil. Yo, en mi afan de servidor público, os pongo hoy una "peli". Más chulo que un ocho.
Se trata de "Un lugar en el mundo". Dicen que está bien...
Esto es lo que dice la crítica:
Una de las más bellas, emocionantes e intensas películas hispanas de las últimas décadas. La llegada a Argentina de un geólogo español que turba el ánimo de una luchadora familia sirve a Aristarain para hablar, con una franqueza que desarma y una sencillez que estremece, de la justicia, el compromiso, la nostalgia y el deseo. Conmovedora, sincera y realista. Los actores, todos, absolutamente magistrales. (Daniel Andreas: FILMAFFINITY) 


Apaga la luz que empezamos....


Viacrucis Infantil.


Más de lo mismo. Copio pego.....
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Jesús es condenado a muerte. Carga con la cruz. Cae una vez, y otra, y una tercera. Es golpeado, acuchillado, sangra. Una mujer le limpia el rostro. Es despojado de sus vestiduras. Es clavado en una cruz. ¿Oye usted los martillazos? Jesús agoniza, muere y es enterrado en un sepulcro frío y húmedo. ¡Pero atención, porque Jesús sale del agujero! Y está vivo. ¡Ha resucitado! Y sabéis quién lo ha conseguido: Dios Padre. Porque Dios es Todopoderoso. ¡Aleluya!

La escena que acabo de reproducir es un Vía Crucis. Nada extraño, incluso en pleno siglo XXI, puesto que nos encontramos en Semana Santa, si no fuera por un pequeño detalle: los actores que representan tan dramática escena son niños. Todos, desde Jesús hasta el soldado que le atraviesa el pecho con la lanza, son críos. Recomiendan que cada estación comience con una jaculatoria: “Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…”.
Las escenas de este tipo son habituales estos días. En la plaza Bocayá de Barcelona, en los pasos en miniatura de La Borriquita y La Soledad de Ponferrada (León)… “El objetivo es que los niños se involucren en los actos y se sientan protagonistas de la Semana Santa”, asegura Marco Antonio Morala, mayordomo de la Hermandad de Jesús Nazareno de Ponferrada.“Los hay que esta noche no han dormido bien, por los nervios”, reconoce a Efe.
Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis” (Mateo 19,14). Dejad que los niños representen una ejecución, que recreen una tortura y que, finalmente, reproduzcan una resurrección. Dejadles en nombre de la religión, de la tradición o incluso de la cultura. Dejad a los pequeños que sientan en sus carnes la crueldad, el dolor, el fanatismo, la ignorancia.Recomiendo a los padres con hijos en Vía Crucis que sustituyan en sus mochilas el habitual bocata de Nocilla, el yogur liquido o la barrita de cereales por una torrija de vino, un látigo de siete puntas y una estampita con el cuerpo incorrupto de Santa Bernardita de Soubirous.
Un país que, al tiempo que recorta en educación o sanidad invierte en alimentar las pasiones religiosas de los niños es, sin duda, un país apasionante, moderno, con futuro.
P.D.
El post que acaba de leer, en Cuarto Poder, es hermano del publicado hoy en El Descodificador (Vanity Fair): Corridas infantiles.

Corridas Infantiles.

Copio esto de "El Decodificador" por su innegable interés cultural, sociológico, económico y hasta humorístico. Para troncharse vamos. A ver cuando lo ponen en Valencia.....
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 Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, quiere “subvencionar visitas escolares” de alumnos de 3º y 4º de la ESO a plazas de toros, para de esta manera fomentar el gusto por las corridas entre los jóvenes. Estoy totalmente de acuerdo con esta innovadora iniciativa pedagógica, que obligará (sí, obligará, como tiene que ser) a 12.000 chavales del curso 2012-2013 a asistir a la tortura de herbívoros como entretenimiento. Es más, creo que Aguirre debería recortar las ayudas menos necesarias, como dependencia o a los inmigrantes, e invertir ese dinero en aumentar la financiación de esta deliciosa actividad escolar. Con estas perrillas extras incluso podrían tener con cada niño participante un detalle, uno de esos recuerdos que te acompañan el resto de tus días. Una oreja ensangrentada de vacuno, por ejemplo.

Campamento de verano de la Comunidad de Madrid 

 La idea, a nivel didáctico, es irreprochable. Sembrar hoy para recoger mañana: como hasta los 16 años los niños no pueden asistir legalmente a una corrida de toros, el Gobierno de Madrid se anticipa a los acontecimientos e instruye, por supuesto con dinero público, a los chavales de entre 14 y 16 años para tan tétrico espectáculo. Tras estas actividades nuestros hijos dominarán los secretos taurinos (la belleza de un puyazo, la estética de un par de banderillas, el arte de una estocada mortal…) y estarán en condiciones de disfrutar a tope de la fiesta. Ya formados, nada más cumplir los 16 podrán pasar por taquilla y darse una orgía de dolor innecesario, sangre fácil, españolismo rancio y maltrato animal. Recomiendo a los padres que para estas excursiones sustituyan en la mochila de sus hijos el habitual bocata de Nocilla, el yogur liquido o la barrita de cereales por una petaca con sol y sombra, un par de Farias y un palillo roído. Un país que, al tiempo que recorta en educación o sanidad, invierte en alimentar las pasiones taurinas de los niños es, sin duda, un país apasionante, moderno, con futuro.

 P.D. El post que acaba de leer, en El Descodificador, es hermano del publicado en breves momentos en Telematón (Cuarto Poder): Vía Crucis infantil.

lunes, 2 de abril de 2012

Amnistía en el IRPF (Para todos)

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jueves, 29 de marzo de 2012

Al pan, Pan.


Mikel Lopez Ituuriaga, de los "Iturriaga" de toda la vida nos pone al día sobre pan, derivados 
y tendencias. 
Que aproveche.
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Paradojas de la vida: España, un país con un pan de calidad media infame, ha visto surgir como setas decenas de panaderías finas y presuntamente artesanas en los últimos tiempos. Son las llamadas boutiques del pan, lugares estilosos en los que se venden un montón de variedades diferentes a precios casi siempre astronómicos para un alimento tan básico.
¿Nunca os habéis sentido desplumados al ver cómo volaban 10 euros por un par de barras de pan con y una magdalena en uno de estos lugares? Yo, más de una vez. Sin embargo, lo peor no es que te cobren la chapata a precio de bolso de Prada, si es que esta lo vale. Lo grave de verdad es que en demasiadas ocasiones el carísimo pan en cuestión es insípido por muchas nueces y aceitunas que le hayan puesto, cuando no congelado e industrial a pesar de que nos lo hayan vendido como "casero" o "artesano".
Que un pan sea más caro puede estar justificado si la materia prima utilizada lo es y si el proceso de elaboración es más lento y trabajoso. "Una harina buena es más cara que una harina mediocre; es más barato fermentar rápido y llenar el pan de aditivos y mejorantes que dejar que el pan madure durante horas antes de hornearlo, cuajándose así de los atributos organolépticos de lo que llamamos pan", explica Ibán Yarza, creador de El Foro del Pan. "Que existan boutiques del pan no es nada malo per se, puede haber comercios de todos los niveles. Lo peor viene cuando vas a una de estas tiendas chachiguays y el pan es malo. Entonces se consuma el engaño, la estafa, la impostura insoportable".
Para Javier Marca, del blog Madrid Tiene Miga, los altos precios obedecen a la intención degourmetizar el pan. Según él, la gente que "al menos en Madrid" se ha metido en negocios alrededor de este alimento no tienen un interés concreto en él, sino que únicamente piensa en la rentabilidad económica. "Los precios de los panes de esas panaderías chachipirulis de Madrid son excesivos, y entroncan un poco con el desesperante 'si es caro, debe de ser bueno'. Creo que están vendiendo humo, trajes del emperador, gatos por liebres".
Marca afirma categóricamente que muchas de las boutiques del pan venden como "artesano" un pan que no lo es. "Lo creo y, más aún, lo sé. Lo hacen habitualmente. No todas, pero se hace de manera impune. No existe aún regularización al respecto. Eso hiere de muerte a los artesanos, incapaces de competir con un producto masificado a precios masificados". Yarza coincide: "El timo está a la orden del día. He visto panaderías con el cartel de 'artesano, masa madre, blablabla' meter barras congeladas a sus hornos porque a la gente le gusta calentito, y eso es lo que importa". 
Uno de los trucos más habituales para endilgarnos pan vulgaris a precio de delicatessen es fabricar decenas de variedades diferentes con ingredientes llamativos para el cliente, que se siente más gourmet o distinguido consumiéndolas. En muchas ocasiones, dichos panes no son más que variaciones sobre un mismo tema, eso sí, con pasas, frutos secos, semillas, hierbas o lo que haga falta. "Eso suele hacerse para enmascarar y disimular panes mediocres, masas reguleras", asegura Marca. "El consumidor se embriaga con que un pan tenga nueces. Yo les diría que se compraran un paquete de nueces, que sería más rentable". "Es lo mismo que cuando te embadurnan algo con salsa de nata y roquefort o una pieza de bollería de chocolate", añade Yarza. "Porque un pan esté cubierto de semillas de avena no se convierte en buen pan".
El problema es que cada vez es más difícil encontrar un pan simple y bueno -un fenómeno que afecta a muchos otros productos, como por ejemplo, las magdalenas. "Se pueden hacer tantos tipos de panes como variedad de cereales haya en el mundo", afirma Andrés Bonilla, de la tienda de productos para panadería El Amasadero. "Pero no conseguimos comer un buen pan de trigo en ningún sitio. En cambio demandamos panes de semillas, sabores, olores y aspectos diferentes y mágicos. Cosas fenomenales para pasar por alto el verdadero sabor a pan".
Con lo que llegamos al núcleo duro del asunto: nos hemos olvidado de a qué sabe el pan de verdad, y eso nos lleva a ser menos exigentes y víctimas fáciles de los timos de las boutiques. Marca cuenta cómo algunas personas que van a sus cursos llegan a rechazar el pan que hacen porque les sabe "demasiado".  "Lo que revela esa pérdida: hace muchos años que el pan no sabe a pan. La industria ha conseguido hacer un producto que se parece y que responde a lo que la mayoría del público pide: corteza crujiente y miga esponjosa. Sin embargo, eso se aleja mucho de lo que es de verdad el pan: algo vivo, con matices de sabores ácidos, lácticos y alcohólicos, por la fermentación, con gusto a cereal".
Bonilla incide en otro punto interesante: hasta qué punto somos los consumidores responsables de la mala calidad del pan en España. Él lo tiene claro: lo somos, y mucho. "Hay una falta de información total. Nos conformamos con los panes precocidos de las gasolineras y las grandes superficies, nos basta con que la corteza dure tres horas crujientes y comernos un pan 'calentito', eso sí, sin sabor a pan. Es para darnos un par de buenas leches, por bobos". Por el contrario, Yarza cree que el panadero también tiene su parte de culpa: "El cliente tiene responsabilidad, pero también un panadero sin escrúpulos es responsable. Es lo de la gallina y el huevo, pero con harina y agua. Muchos panaderos saben hacer buen pan, pero no lo hacen porque saben que con algo mediocre la gente está igual de contenta, nadie se queja. Hay que exigir al panadero honestidad".
Sin cortarse, nuestros tres expertos ponen nombre y apellido a sus críticas contra el pan pijo de mala calidad, y señalan unos cuantos establecimientos como potenciales engañabobos. "Conocidos de primera mano, Le Pain Quotidien (el de Madrid), y en Málaga, La Canasta, por su relación calidad-precio. También hay un puestecito de pan dentro del mercado de Atarazanas en el centro de Málaga, que está muy, pero que muy sobrevalorado", afirma Bonilla. "Hace poco, Ibán y yo probamos un pan de centeno de Madre Hizo Pan, una de las panaderías más promocionadas últimamente en Madrid, y no había ni un lejano asomo de centeno", recuerda Marca. "En Harina, también en Madrid, presumen de hacer sus panes 'con masa madre, como se hacían antes', y saben bien qué es vender entre su oferta toda una gama de pan industrial congelado, sin diferenciación de cara al cliente. Panaria, en Tenerife y Valencia, son socios de la mayor panadería industrial europea, Europastry, y venden toda su gama industrial, pero en su publicidad dicen que lo hacen ellos, que lo hacen a mano, y no es así. Y en Cosmen&Keiless han intentado engañarme cuando les he preguntado por los ingredientes de uno de sus panes".
"En Bilbao recuerdo como en Opila me dijeron que todo lo hacían ellos cuando venden pan congelado de la casa Frida, lo mismo que en muchísimas panaderías: en Levadura Madre,de Madrid, he visto meter bandejas de pan congelado en el horno del mostrador", afirma Yarza. "También en Madrid, recuerdo una supuesta miche (un pan rústico francés tradicional) que compré en Cosmen&Keiless que era muy mediocre y desprestigiaba el nombre que llevaba. Bueno, esto pasa por toda España a diario, donde el nombre 'gallego' prostituye muchos grandes panes que se hacen en Galicia, donde nunca han oído hablar de algo llamado 'barra gallega".
También muestran su respeto por algunas panaderías que hacen bien las cosas. "BaluardTurris, en Barcelona; Benipantoledo, en Toledo; la Ecotahona del Ambroz, en Cáceres", apunta Marca. "Artesanos de verdad que se ven afectados por la falta de control sobre quienes cuelgan carteles de 'panadería artesana' y sólo se dedican a encargar por teléfono cajas de pan congelado hecho en serie en la otra punta del país. En Madrid, el Museo del Pan Gallego está un poco por encima de la media y, por lo menos, son honestos". "En Barcelona me encanta Baluard, un panazo lleno de sabor", continúa Yarza. "En Bilbao hay un químico reconvertido a panadero, Sergio Álvarez (su pan se llama Labeko), que está devolviendo el honor al pan en una ciudad devastada por el mal pan; en Madrid, tras probar los panes de las panaderías más guachis del momento, he de decir que no he comido ninguno que me llamara la atención". "En Coín (Málaga) existe una panadería que se llamaLa Curruca, y el pan que hace es bueno", concluye Bonilla. "Lo pongo como ejemplo, pero estoy seguro de que en muchísimos pueblos pequeños de España, existirán panaderías de este tipo".
El futuro de estas panaderías decentes, y por extensión, del pan en este país, depende de su éxito a la hora de transmitir un interés por el pan de verdad, y de su capacidad para comunicar la diferencia entre su producto y el de los falsos artesanos. "El consumidor prefiere tenerlo todo fácil. ¿Que esto es artesano? Ay, qué rico, tiene aceitunas. Tome, 5 euros", señala Marca. "Pero hay muchas personas que están deseando conocer, que son abiertos y experimentan y que, aunque el sabor profundo de un pan les sorprenda, quieren ir más allá. Quizás habría que conseguir que la gente se interesara por el sabor y llegara a un punto en el que pudiera distinguir panes de plástico rellenos de pasas de panes bien hechos".
Por último, ¿algún consejo para que no nos engañen? "Hace tiempo que cuando voy a la frutería no miro, simplemente acerco el hocico y huelo el género. Yo le diría a la gente que hiciera lo mismo con su pan", recomienda Yarza. "El pan tiene que saber al cereal del que proviene. Al igual que el vino, tiene que hablarnos de la tierra, del tiempo de fermentación y de las manos del panadero. Busquen buen pan, exijan a su panadero que haga mejor pan. ¡Y si el pan no está bueno, díganlo!".
 28 de marzo de 2012

lunes, 26 de marzo de 2012

Leyendo a Neruda.

Hace tiempo que uno no lee nada nuevo, en general encuentro casi todo lo que cae en mis manos frío, falto de la chispa que tiene lecturas pasadas y que forman mi pequeño bagaje personal. Es por eso que más que leer, re-leo, vuelvo a deleitarme con cosas conocidas, hasta entrañables algunas de ellas.
Estos días ando con Pablo Neruda, su biografía "Confieso que he vivido" una delicia. Me tropiezo con fragmentos y anécdotas que encuentro ideales para incluir en este blog (vamos a ver si damos un giro y nos dejamos la crispación y el politiqueo a un lado, lo dejaremos para otros). Es un libro al que le tengo mucho aprecio. Lo compré de segunda mano, en una librería de viejo. Otros tiempos.
Esta mañana leía un fragmento que parece un cuento. Me decido, tiro de escaner y O.C.R.  y aquí está.
Seguro que con esto me salto un puñado de leyes de "copi-rait" y cosas de esas. La primera comprarlo de segunda mano ¿será eso legal?  escanearlo, (toma ya! sin permiso del autor..) y por ultimo meterlo aquí.. A la cárcel fijo, esto tiene más delito que el Undargarín.
Lo dicho....

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Un cordero en mi casa


Tenía yo un pariente senador que, después de haber triun­fado en unas nuevas elecciones, vino a pasar unos días en mi casa de Isla Negra. Así comienza la historia del cor­dero.
Sucede que sus más entusiastas electores acudieron a festejar al senador. En la primera tarde del festejo se asó un cordero a la manera del campo de Chile, con una gran fogata al aire libre y el cuerpo del animal ensartado en un asador de madera. A esto se le llama «asado al palo» y se celebra con mucho vino y quejumbrosas guitarras criollas.
Otro cordero quedó para la ceremonia del día siguiente. Mientras llegaba su destino, lo amarraron junto a mi ven­tana. Toda la noche gimió y lloró, baló y se quejó de su soledad. Partía el alma escuchar las modulaciones de aquel cordero. Al punto que decidí levantarme de madrugada y raptarlo.
Metido en un automóvil me lo llevé a ciento cincuenta kilómetros de allí, a mi casa de Santiago, donde no lo alcan­zaran los cuchillos. Al no más entrar, se puso a ramonear vorazmente en lo más escogido de mí jardín. Le entusias­maban los tulipanes y no respetó ninguno de ellos. Aun­que por razones espinosas no se atrevió con los rosales, devoró en cambio los alelíes y los lirios con extraña frui­ción. No tuve más remedio que amarrarlo otra vez. Y de inmediato se puso a balar, tratando visiblemente de con­moverme como antes. Yo me sentí desesperado.
Ahora va a entrecruzarse la historia de Juanito con la historia del cordero. Resulta que por aquel tiempo se ha­bía producido una huelga de campesinos en el sur. Los latifundistas de la región, que pagaban a sus inquilinos no más de veinte centavos de dólar al día, terminaron a palos y carcelazos con aquella huelga.
Un joven campesino experimentó tanto miedo que se su­bió a un tren sobre la marcha. El muchacho se llamaba Juanito, era muy católico y no sabía nada de las cosas de este mundo. Cuando pasó el colector del tren, revisando los pasajes, él respondió que no lo tenía, que se dirigía a Santiago, y que creía que los trenes eran para que la gente se subiera a ellos y viajara cuando lo necesitara. Trataron de desembarcarlo, naturalmente. Pero los pasajeros de ter­cera clase -gente del pueblo, siempre generosa-  hicieron una colecta y pagaron entre todos el boleto.
Anduvo Juanito por calles y plazas de la capital con un atado de ropa debajo del brazo. Como no conocía a na­die, no quería hablar con nadie. En el campo se decía que en Santiago había más ladrones que habitantes y él te­mía que le sustrajeran la camisa y las alpargatas que lle­vaba debajo del brazo envueltas en un periódico. Por el día vagaba por las calles más frecuentadas, donde las gen­tes siempre tenían prisa y apartaban con un empellón a este Gaspar Hauser caído de otra estrella. Por las noches buscaba también los barrios más concurridos, pero éstos eran las avenidas de cabarets y de vida nocturna, y allí su pre­sencia era más extraña aún, pálido pastor perdido entre los pecadores. Como no tenía un solo centavo, no podía comer, tanto así que un día se cayó al suelo, sin conoci­miento.
Multitud de curiosos rodearon al hombre tendido en la calle. La puerta frente a la que cayó correspondía a un pequeño restaurant. Allí lo entraron y lo dejaron en el suelo. «Es el corazón», dijeron unos. «Es un síncope hepáti­co», dijeron otros. Se acercó el dueño del restaurant, lo miró y díjo: «Es hambre». Apenas comió unos cuantos bocados aquel  cadáver revivió. El patrón lo puso a lavar platos y le tomó gran afecto. Tenía razones para ello. Siempre sonriente, el joven campesino lavaba montañas de platos. Todo iba bien. Comía mucho más que en su campiña.
El maleficio de la ciudad se tejió de manera extraña para que se juntaran alguna vez en mi casa el pastor y el cor­dero.
Le entraron ganas al pastor de conocer la ciudad y en­derezó sus pasos un poco más allá de las montañas de vajilla. Tomó con entusiasmo una calle, cruzó una plaza, y todo lo embelesaba. Pero, cuando quiso volver, ya no podía hacerlo. No había anotado la dirección porque no sabía escribir y buscó en vano la puerta hospitalaria que lo había recibido. Nunca más la encontró.
Un transeúnte le dijo, apiadado de su confusión, que debía dirigirse a mí, al poeta Pablo Neruda. No sé por qué le sugirieron esta idea. Probablemente porque en Chi­le se tiene por manía encargarme cuanta cosa peregrina le pasa por la cabeza a la gente, y a la vez echarme la culpa de todo cuanto ocurre. Son extrañas costumbres nacionales.
Lo cierto es que el muchacho llegó a mí casa un día y se encontró con el animal cautivo. Hecho ya cargo de aquel cordero innecesario, un paso más y hacerme cargo de este pastor no fue difícil. Le asigné la tarea de cuidar que el cordero gourmet no devorara exclusivamente mis flores, sino que también, de cuando en cuando, saciara su apetito con el pasto de mi jardín.
Se comprendieron al punto. En los primeros días él le puso por formalidad una cuerdecíta al cuello, como una cin­ta, y con ella lo conducía de un sitio a otro. El cordero co­mía incesantemente, y el pastor individualista también, y ambos transitaban por toda la casa, inclusive por dentro de mis habitaciones. Era una compenetración perfecta, al­canzada por el hilo umbilical de la madre tierra, por el auténtico mandato del hombre. Así pasaron muchos meses. Tanto el pastor como el cordero redondearon sus formas carnales, especialmente el rumiante que apenas podía seguir a su zagal de gordo que se puso. A veces entraba parsimo­niosamente a mi habitación, me miraba con indiferencia, y salía dejándome un pequeño rosario de cuentas oscuras en el piso.
Todo concluyó cuando el campesino sintió la nostalgia de su campo y me dijo que se volvía a sus tierras lejanas. Era una determinación de última hora. Tenía que pagar una manda a la Virgen de su pueblo. No se podía llevar el cordero. Se despidieron con ternura. El pastor tomó el tren, esta vez con su pasaje en 3ª mano. Fue patética aquella partida.
En mi jardín no dejó un cordero sino un problema gra­ve, o más bien gordo. Qué hacer con el rumiante? Quién lo cuidaría ahora? Yo tenía excesivas preocupaciones po­líticas. Mi casa andaba desbarajustada después de las persecuciones que me trajo mi poesía combatiente. El cordero comenzó a balar de nuevo sus partituras quejumbrosas.
Cerré los ojos y le dije a mi hermana que se lo lle­vara. Ay! Esta vez sí estaba yo seguro de que no se libra­ría del asador.

Malos tiempos.

Actuable.



Cuando lo leí no podía dar crédito. La Sala Apolo de Barcelona ha emitido un comunicado de prensa para aclarar que en el contrato que han firmado con el cantante Sizzla Kalonji “se especifica y se exige la no inclusión de canciones con contenido homófobo ni de incitación a odio o violencia”. Es más, la sala dice que como “medida preventiva” (¿de qué?) han enviado el contrato con el cantante al Àrea por a la igualdad de trato y no discriminación de personas LGTB de la Generalitat y al Fiscal Provincial de Barcelona que se ocupa de delitos de Odio y Discriminación.

Básicamente: van a dejar actuar en su sala a un cantante que incita a la violencia contra los homosexuales porque ha prometido no hacerlo en ese concierto. Es cómo invitar a un programa de televisión a un maltratador si promete no atacar a ninguna de las mujeres en el plató. Ya cuando vuelva a su casa que haga lo que quiera. Pero ¿qué es esto?

Firma la petición y pide a la Sala Apolo, la Sala Arena y las Escuelas San José que cancelen ya los conciertos de Sizzla y no sean cómplices de la homofobia >>


La libertad de expresión nunca puede amparar la incitación al crimen. SizzlaKalonji ha sido denunciado repetidamente por promover en su música y sus conciertos la violencia contra las personas homosexuales. Sus letras son muy explícitas: “Voy y disparo a maricas con una pistola”. 
“Sodomitas y maricas, muerte para ellos”. 
 De hecho la venta de dos de sus álbumes está prohibida en Alemania por la apología de la violencia que contienen.

Muchas salas se excusan en que Sizzla ha firmado un documento conocido como “Compassionate Act”, en el cual varios cantantes de reggae se comprometían a “respetar y defender los derechos de todos los individuos a vivir sin violencia sea cual sea a su religión, orientación sexual, raza, etnia o género”. Pero parece que este compromiso le importa bien poco: hace solo una semana Sizzla intepretaba en un concierto en Jamaica la canción “Boom Bye Bye”, que anima a asesinar a los gays.

ahora Sizzla viene de gira a España: el 12 de abril en la sala Apolo de Barcelona, el 13 en la sala Marco Aldany de Madrid y el 14 en las Escuelas San José de Valencia. Por eso la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB) ha iniciado una petición pidiendo a estas tres salas que cancelen el concierto. De hecho la Sala Vivero de Málaga y La Rambleta en Valencia ya han cancelado los conciertos de Sizzla.

Tenemos sólo 15 días para conseguir que las otras salas hagan lo mismo.

Firma ahora la petición para pedirles a estas salas que cancelen los conciertos de Sizzla y no sean cómplices de la promoción de la violencia contra las minorías sexuales >>

Gracias por tu ayuda.

domingo, 25 de marzo de 2012

Olores en la tienda del mercader


Visto en "NoSoloCuentos"
En las calles de un pequeño barrio árabe, abrumadas por el jolgorio de indecisos compradores, y aromatizadas con olores a especias y carnes asadas, se encontraba un anciano vagabundo que buscaba un resalto en la estrecha acera para sentarse y descansar sus pies.
Cuando por fin descansó, su estómago no fue impasible con él ante tal magnitud de olores que surgían de los puestos de los mercaderes. Necesitaba comer, pero no tenía dinero suficiente para satisfacer su carencia. Así, que hambriento, pensó que quizá inspirando el olor podría engañar a su cuerpo e imaginar que estaba degustando esa deliciosa carne asada.
El mercader más próximo a él observó que el olfato del mendigo apuntaba a su negocio durante largo tiempo, y cuando acababa de respirar el aroma de su tienda se frotaba la barriga como si se hubiera saciado. Éste hecho indignó al mercader, que increpó al mendigo exigiéndole un pago por ello.
- Has consumido el aroma de mis alimentos, por lo tanto, ¡me debes pagar un dinar!
- No veo justo pago alguno, pues nada he comido.
Como no hubo entendimiento de ningún tipo, decidieron llamar al cadí para que mediara entre los dos y encontrara una solución razonable.
- ¿Qué ha ocurrido?- preguntó el cadí.
- Este tipejo se ha instalado delante de mi negocio y está consumiendo el aroma de mis alimentos, y ahora se niega a pagar- argumentó ofendido el mercader.
- ¿Es eso cierto?- le consultó el cadí al mendigo.
- Sólo pretendía engañar a mi estómago con esos olores.
- ¿Cuánto te debe por su consumición?
- Un dinar- contestó el mercader sonriendo.
- Yo te voy a pagar no sólo un dinar, sino tres- respondió el cadí, que acto seguido extrajo de su cartera tres monedas brillantes. Acercó sus manos al oído del mercader, y de una mano a otra deslizó las monedas que emitieron un agudo tintineo.
- ¿Has escuchado el sonido de las monedas?- preguntó el cadí al mercader.
- Sí- respondió extrañado.
- Con el sonido de mis monedas he pagado la deuda de este hombre por oler tu comida, ¡ya estás pagado!
Moraleja: si no se cumple la relación: material por material, inmaterial por inmaterial, es un fraude.