Es sabido que mi escasas aptitudes para el deporte las desarrollo caminando. Horas y horas por caminos y sendas en busca de un paisaje, una fuente o algún que otro resto arqueológico. Suele ser habitual en estos paseos encontrarnos (más bien son ellos quienes no encuentran a nosotros) con grupos más o menos numerosos de ciclistas. Solemos mirar para atrás casi más que para adelante en previsión de que aparezcan. El/los ciclista/ciclistas no suelen avisar, y cuando lo hacen es para pegarte un grito cuando están a tu altura porque, en su opinión, estas invadiendo su camino y es urgente e imprescindible que te quites de allí. ¿Acaso yo no llegué antes? suelo preguntarles en los pocos casos en que "Indurain" frena y consigo reprochárselo. Generalmente, por la cuenta que nos trae, nos apartamos rápido. "¡Paso, paso!" suelen reclamar sin aminorar la velocidad. Cuando el camino es amplio y no es necesario que salgas de él para permitirles el paso, suelen pasar a toda castaña sin molestarse en avisar ¿Para qué? Si tú eres un mísero caminante sin mallot a colorines.
Otra faceta que hemos constatado es su educación con el entorno y las personas del mismo si las hay. Recuerdo una vez, en primavera, con los almendros en flor, por la Cárcama de Cheste. Una chica estaba al borde del camino pintando un paisaje. Charlando con ella, pasó un grupo (de ciclistas, no lo olvidemos) en su competición particular, que lejos de aflojar o dejar el espacio necesario (el mismo que ellos airadamente exigen a los coches) gritaban exigiendo que se quitase de allí. "¡Hazle una foto que te quedará mejor!" me pareció escuchar. La chica nos comentó: "Así toda la mañana". A nosotros nos suelen preguntar a gritos: "¿Por aquí se va a Santiago?" seguido de risas. Yo suelo responderles: ¿Es que tú estás haciendo el Tour de Francia, o qué?" y "¡Para ser Indurain te sobran quilos y colorines!" Esto último no suelen oírlo dada la velocidad a la que pasan. Tenemos hecho un completísimo catálogo de sobres y envases de productos energéticos en base a lo que ellos tiran por las cunetas.
Con la nueva modificación de la ley vial, se pretende imponer a los ciclistas la obligatoriedad de llevar casco en la ciudad. Ellos está poniendo el grito en el cielo (como los taxistas con el cinturón de seguridad) se les llena la boca de razones en su contra: Innecesario, superfluo, molesto, caro, inútil, antiestético, etc.. Todas superfluas. Es por tú seguridad, gilipollas.
| ¿Quien cederá el paso a quién? |
km/h y para cruzar por un paso de peatones deben hacerlo andando.
¿Alguien ha visto alguna vez un ciclista que se detenga en un semáforo? Eso debe ser cosa de "niñas", no va con ellos.
¿A quien no se lo ha llevado alguna vez un ciclista por delante?
Soy consciente que estos son solo ejemplos, no se pueden generalizar, hay excepciones, y muchas. Pero lo que se ve, aquello que llama la atención es esto. Hay ciudades en España donde la armonía entre peatones y ciclistas es mayor. Me gustó mucho Sevilla en ese aspecto, encontré una ciudad relajada donde no es necesario mirar continuamente atrás cuando paras ante un escaparate o te desvías a una calle lateral. El contraste lo vivimos en Zaragoza, ciclistas lanzados a toda castaña por las aceras fue lo habitual.
Supongo que una buena infraestructura de carril-bici y su correcta utilización (que esa es otra) haría mucho. Como todo, es cuestión de educación.
Buenos días!
ResponderEliminarEn líneas generales estás muy acertado en tú comentario. He sido ciclista y por casualidades de la vida ahora soy taxista. Mira tú que casualidad.
Por el comentario que has realizado del cinturón de seguridad, me doy cuenta que ni los propios taxistas saben el porqué de su no obligatoriedad en llevarlo puesto.
La verdad es que solo hay una razón y es la más importante.
No estamos obligados en ciudad o población a llevarlo puesto como defensa. Si si, has escuchado bien. Llevarlo enganchado cuando alguien te está amenazando, te deja totalmente vulnerable y a merced del agresor. No podemos portar armas de defensa, así que póngase en mi piel por un momento. 4 a.m., con un fulano atrás que te da mala espina desde en mismo momento que te dirige la palabra y encima lo tienes que llevar a una zona un poco jodida. Y para más inri con el cinturón puesto, para nada más parar te ahorque directamente con él sin necesidad de nada más. Porque créeme, estás completamente vendido.